El rol de la mujer en la vida ranchera

 



En los ranchos de Baja California Sur, la mujer ha sido siempre pilar fundamental, aunque muchas veces su trabajo se invisibilice tras la rutina diaria. Su rol va mucho más allá de las tareas domésticas: es guardiana de tradiciones, transmisora de saberes, administradora del hogar, educadora de los hijos y, en muchos casos, también trabajadora de campo. Sin su presencia, la vida ranchera no habría tenido la fuerza para sostenerse durante siglos en un entorno tan desafiante.

Desde muy temprano, la mujer organiza la vida familiar. Es la primera en encender el fogón, preparar el café de talega y calentar las tortillas que alimentarán a todos antes de comenzar la jornada. Mientras los hombres salen a ordeñar o revisar el ganado, ella supervisa la cocina, el huerto y a los niños pequeños. Sin embargo, la rutina no termina ahí: muchas veces también participa en el ordeño, en la elaboración del queso de rancho y en el cuidado de los animales menores como gallinas, guajolotes y cerdos.

La mujer ranchera es también maestra y curandera. En comunidades donde las escuelas eran lejanas y los servicios médicos escasos, las madres enseñaban a leer y escribir con lo poco que tenían, además de transmitir valores de respeto, solidaridad y trabajo. Conocedoras de plantas medicinales, sabían preparar infusiones de damiana, cataplasmas de árnica o ungüentos caseros que curaban golpes, resfriados y malestares comunes. Ese conocimiento, heredado de abuelas a madres y de madres a hijas, ha sido clave para la supervivencia de la familia.

En las fiestas patronales y celebraciones, el rol femenino se multiplica. Son ellas quienes preparan los guisos tradicionales en grandes cantidades, quienes organizan la elaboración de tamales, birria y panes de horno, y quienes mantienen la armonía en la convivencia. Al mismo tiempo, transmiten las canciones, refranes y juegos a los más pequeños, asegurando que la memoria cultural siga viva.

El trabajo de la mujer ranchera no termina con el día: al anochecer, cuando la familia se reúne, ella aún se encarga de atender la cena y de planear lo necesario para la jornada siguiente. Su labor silenciosa asegura que cada miembro de la familia pueda cumplir con sus responsabilidades, sosteniendo el equilibrio del rancho.

En tiempos más recientes, la mujer ha asumido también nuevos papeles: participar en cooperativas, defender los derechos de sus comunidades y convertirse en voz activa en la preservación de la cultura ranchera. Muchas se han convertido en cronistas, artesanas y promotoras de la tradición, conscientes de que su legado debe ser visibilizado y valorado.

El rol de la mujer en la vida ranchera, en definitiva, es el de sostén y corazón. Ella no solo alimenta y cuida, sino que transmite fuerza, identidad y esperanza. Reconocer su papel es reconocer que sin ellas, la historia de los ranchos de Baja California Sur sería incompleta.

Comentarios